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lunes, 20 de septiembre de 2010

La marcha de las 240 millones de pinzas

En una pequeña isla del océano Índico llamada navidad, una vez al año y coincidiendo con a la llegada de la época de lluvias se da el pistoletazo de salida a una de las cursas mas multitudinarias de la faz de la tierra: La migración de los cangrejos rojos.

Los cangrejos que hasta entonces se encontraban en los bosques centrales de la isla, de repente sienten la llamada de la naturaleza y se disponen a abandonar en masa sus madrigueras en dirección hacia el mar, con un único objetivo en mente:  encontrar pareja y aparearse.
Ay, el amor...

            Los humanos actuamos de manera similar cuando llega el viernes noche,  cambiando el mar por las discotecas.





Sin comerlo ni beberlo, los habitantes de la ciudad contemplan como su apacible rutina se ve truncada por la invasión de un ejército rojo de 120 millones de cangrejos que cruzan despreocupadamente sus hogares y propiedades con total impunidad. Esta movilización es de tal dimensiones, que en términos humanos seria el equivalente a que , sin previo aviso, la población total de las islas de Japón se pusiese de acuerdo para iniciar una larga marcha conjunta hacia el mar.


Los nativos respetan a sus vecinos con pinzas, ya que entienden que los cangrejos empujados por su instinto se limitan a hacer lo que llevan repitiendo desde tiempos remotos, antes de que el hombre pusiese pié en la isla a mediados del siglo XVIII y decidiera levantar sus asentamientos entre ellos y la costa.


Aunque tratan de no lastimarles, a veces esto se antoja imposible ya que las carreteras se infestan de estos crustáceos y de forma inevitable  muchos de ellos acaban siendo atropellados, no sin antes dejarles un bonito recuerdo en forma de rueda pinchada.

Para evitar esto, cortan las carreteras y delimitan cruces donde los cangrejos tienen preferencia de paso, o levantan pequeños puentes para que cruzen por encima del asfalto.
 


 Una vez llegan a la costa lavan sus conchas para eliminar su suciedad y refrescarse. De este modo se acicalan para agradar a las hembras que tardaran unos días mas en llegar. Durante su espera, construirán una madriguera que servirá de refugio a las hembras hasta que acudan al agua para desovar. Fíjate que majos, se pegan una paliza de órdago para conocerlas y encima les ponen un pisito con vistas al mar.

Eso sí, tras aparearse, los machos abandonarán a las hembras y volverán a recorrer el largo camino de vuelta a casa. Cada hembra pondrá unos 100.000 huevos, de los cuales no muchos podrán sobrevivir para hacerse adultos, adentrarse en la tierra y volver a repetir el ciclo vital.


¡Dejen paso a los verdaderos dueños de la isla!

Por desgracia, no sabemos hasta cuando podremos ser capaces de contemplar tan magno evento. La población de cangrejos rojos de isla navidad desciende mas cada año debido a un enemigo que les supera en número: Las hormigas locas amarillas.

Estas incansables depredadoras fueron introducidas accidentalmente en la isla por los humanos, entre 1915 y 1934. En apenas 90 años ya han logrado mermar al 30% de nuestros protagonistas, y la cifra va subiendo.

Como veis, directa o indirectamente los humanos tendemos a desequilibrar todo ecosistema con el que nos encontramos, y esta vez solo bastaron unos 30 años para meter la pata irremediablemente.


Para finalizar, y como premio por haber llegado hasta aquí,  os dejo este magnifico reportaje donde podréis apreciar esta maravilla de la naturaleza en movimiento. Aprovechad, pues quizás dentro de unos pocos años no podamos volver a ver algo así:


2 comentarios:

  1. Hola PaO*, gracias por contestar. Pues si, menuda mariscada saldria de ahí, ¿verdad?

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