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jueves, 10 de febrero de 2011

¿Quién juega a las canicas en la playa?



Cada día, justo después de bajar la marea, en las costas tropicales del Indo-Pacífico comienza un extraño ritual en el que delicadas bolitas de arena empiezan a formarse lenta pero inexorablemente, hasta alcanzar cifras inimaginables.

Si te sientas y tienes paciencia, podrás comprobar como van formándose intrincados patrones que poco a poco tienden a entremezclarse, hasta cubrir la totalidad de la playa. Algunas veces se pueden apreciar diseños tan curiosos como los siguientes:



Existen fotoaficionados cuyo hobby consiste en recorrer las playas en busca de estas formaciones.



¿Pero, quien o que se esconde detrás de este curioso acontecimiento?

¿Acaso forma parte de uno de esos absurdos records Guiness? ¿Será una broma de alguien con mucho tiempo libre? ¿O quizás es obra de una peligrosa secta de perturbados?


No, nada de eso. La respuesta, en el siguiente vídeo:













Como habéis podido comprobar los responsables son unos pequeños cangrejos de no mas de 1cm de diámetro que se dividen en dos géneros: Scopimera y Dotilla, los cuales se reparten  por toda la región Indo-Pacifica a su vez en 13 especies distintas.

Estos pequeñines viven en madrigueras excavadas por ellos mismos en la arena aguardando hambrientos a que baje la marea, momento que aprovecharán para salir de sus bunkeres  y dar así rienda suelta a su mayor afición: comer como si no hubiese un mañana.

Se iniciará así una frenética orgía gastronómica en la que hasta el ultimo palmo de playa será inspeccionado con avaricia, dejando tras de si  las famosas canicas de arena inertes ya de toda vida orgánica.
¡Menudos artistas! Casi parece que se hayan puesto
de acuerdo para dibujar un caballo!

Cada uno tiene su propio estilo: Unos irán formando largas hileras de manera radial, otros preferirán dibujar círculos y espirales alrededor de sus guaridas, y el resto simplemente se dedicará a esparcir las bolitas de arena "a boleo" (nunca esta expresión estuvo mejor empleada). Pero todos tendrán algo en común : no alejarse demasiado de su madriguera, pues el movimiento Okupa es algo muy arraigado entre estos glotones y si un congénere encuentra apetecible una madriguera sin vigilancia no dudará en colarse y hacerla suya. Así, por la cara.


Al cabo de unas horas volverá a subir la marea y nuestros pequeños amigos se retirarán al confort de sus madrigueras con el estomago bien lleno y la satisfacción de un trabajo bien hecho. Eso los mas afortunados, porque el que se haya despistado demasiado posiblemente encuentre que le han robado la vivienda, lo cual le pondrá en serios apuros cuando vuelvan las aguas y con ellas los depredadores del océano.

Ya sabéis el dicho, ¡Quién se fue a Sevilla perdió su silla!
 


lunes, 20 de septiembre de 2010

La marcha de las 240 millones de pinzas

En una pequeña isla del océano Índico llamada navidad, una vez al año y coincidiendo con a la llegada de la época de lluvias se da el pistoletazo de salida a una de las cursas mas multitudinarias de la faz de la tierra: La migración de los cangrejos rojos.

Los cangrejos que hasta entonces se encontraban en los bosques centrales de la isla, de repente sienten la llamada de la naturaleza y se disponen a abandonar en masa sus madrigueras en dirección hacia el mar, con un único objetivo en mente:  encontrar pareja y aparearse.
Ay, el amor...

            Los humanos actuamos de manera similar cuando llega el viernes noche,  cambiando el mar por las discotecas.





Sin comerlo ni beberlo, los habitantes de la ciudad contemplan como su apacible rutina se ve truncada por la invasión de un ejército rojo de 120 millones de cangrejos que cruzan despreocupadamente sus hogares y propiedades con total impunidad. Esta movilización es de tal dimensiones, que en términos humanos seria el equivalente a que , sin previo aviso, la población total de las islas de Japón se pusiese de acuerdo para iniciar una larga marcha conjunta hacia el mar.


Los nativos respetan a sus vecinos con pinzas, ya que entienden que los cangrejos empujados por su instinto se limitan a hacer lo que llevan repitiendo desde tiempos remotos, antes de que el hombre pusiese pié en la isla a mediados del siglo XVIII y decidiera levantar sus asentamientos entre ellos y la costa.


Aunque tratan de no lastimarles, a veces esto se antoja imposible ya que las carreteras se infestan de estos crustáceos y de forma inevitable  muchos de ellos acaban siendo atropellados, no sin antes dejarles un bonito recuerdo en forma de rueda pinchada.

Para evitar esto, cortan las carreteras y delimitan cruces donde los cangrejos tienen preferencia de paso, o levantan pequeños puentes para que cruzen por encima del asfalto.
 


 Una vez llegan a la costa lavan sus conchas para eliminar su suciedad y refrescarse. De este modo se acicalan para agradar a las hembras que tardaran unos días mas en llegar. Durante su espera, construirán una madriguera que servirá de refugio a las hembras hasta que acudan al agua para desovar. Fíjate que majos, se pegan una paliza de órdago para conocerlas y encima les ponen un pisito con vistas al mar.

Eso sí, tras aparearse, los machos abandonarán a las hembras y volverán a recorrer el largo camino de vuelta a casa. Cada hembra pondrá unos 100.000 huevos, de los cuales no muchos podrán sobrevivir para hacerse adultos, adentrarse en la tierra y volver a repetir el ciclo vital.


¡Dejen paso a los verdaderos dueños de la isla!

Por desgracia, no sabemos hasta cuando podremos ser capaces de contemplar tan magno evento. La población de cangrejos rojos de isla navidad desciende mas cada año debido a un enemigo que les supera en número: Las hormigas locas amarillas.

Estas incansables depredadoras fueron introducidas accidentalmente en la isla por los humanos, entre 1915 y 1934. En apenas 90 años ya han logrado mermar al 30% de nuestros protagonistas, y la cifra va subiendo.

Como veis, directa o indirectamente los humanos tendemos a desequilibrar todo ecosistema con el que nos encontramos, y esta vez solo bastaron unos 30 años para meter la pata irremediablemente.


Para finalizar, y como premio por haber llegado hasta aquí,  os dejo este magnifico reportaje donde podréis apreciar esta maravilla de la naturaleza en movimiento. Aprovechad, pues quizás dentro de unos pocos años no podamos volver a ver algo así:


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